

Cuando tenía 14 años visité por primera vez este pueblo hermoso, fue en un paseo de la escuela y acompañada por mis imberbes compañeritos de la secun, desde entonces quedé prendada pero pasaron 25 años para que regresara. A Malinalco lo encontré espléndido, con sus calles empedradas y la capilla de Santa Mónica y el Templo del Divino Salvador en donde se encuentra el hermoso convento agustiniano con sus techos y muros cubiertos por hermosos murales al fresco con motivos barrocos que representaban las especies vegetales más importantes para los indígenas de la región lo que es considerado actualmente una de las primeras muestras artísticas del mestizaje cultural mexicano. Este marco puede quedar perfecto para dar un concierto clásico, montado en el atrio de la iglesia y dirigido para celebrar un aniversario corporativo o una celebración, ofreciendo una cena al pie de las magnéticas montañas.
